Geocaching en Laroya

Comenzando el Geocaching en Laroya

¿CÓMO ENCONTRAR UN “TESORO”?

Entre los días 12 y 14 de Octubre pasados, disfruté de unos días de descanso en la localidad almeriense de Laroya, enclavada en la Sierra de los Filabres. Allí, tuve ocasión de realizar distintas actividades, relacionadas con el Ocio y el Turismo Activo, entre las que realicé una de la que ya he hablado con anterioridad en este blog. Se trata del Geocaching.

La pequeña localidad de LaroyaPara quienes no sepan nada sobre esta actividad diré que, a grandes rasgos, el geocaching es una actividad consistente en esconder y buscar “tesoros”, unos tesoros en realidad simbólicos, denominados cachés, que se esconden y se buscan con la ayuda de un dispositivo GPS.

GEOCACHING EN LAROYA – LA BÚSQUEDA PASO A PASO

Como he comentado, el geocaching consiste en la actividad tanto de esconder como en la de encontrar cachés. Mi experiencia, en este caso, ha consistido en la búsqueda de un caché y esa es la experiencia que voy a tratar de relataros, paso a paso en esta entrada del blog. Más adelante, realizaré la otra parte de la experiencia, consistente en esconder un caché, que también trataré de explicaros y comentar paso a paso.

1. La Selección del Caché

El primer paso que ha de darse es el de seleccionar un caché para iniciar luego su búsqueda.

Existen bastantes páginas en la web en las que se ofrece información sobre cachés, yo acudí a la web oficial sobre geocacching (www.geocaching.com), en la que dispongo de un perfil como usuario registrado (el registro es sencillo y gratuito). Como usuario registrado se tiene acceso a la información sobre los cachés recopilados en esa página. Puesto que yo tenía pensado pasar el fin de semana del puente del Pilar en Laroya, introduje dicha localidad almeriense en la caja de búsqueda de cachés disponible en la web de geocaching y obtuve un listado de cachés, ordenados por su distancia a la localidad introducida.

Búsqueda de Laroya en Geocaching.com

Dicho listado muestra algo más de información básica sobre los distintos cachés (número de usuarios que han incorporado el caché a sus favoritos, nombre del usuario que escondió el caché, una escala que mide la dificultad de su localización así como acceso al lugar donde se encuentra, cuándo fue escondido, cuándo fue encontrado por última vez,…).

Tras seleccionar el primer elemento de la citada lista “Río Laroya, Almería“, accedí a otra página en la que pude encontrar datos más detallados sobre ese caché en concreto, entre ellos una descripción del recorrido sugerido hasta el caché, su tamaño, el número de personas que lo han encontrado, aquellas que no, alguna pista, etc. En esta página está también el dato más importante de todos y el que nos va a permitir iniciar la búsqueda, las coordenadas geográficas del lugar en que se encuentra escondido el caché que vamos a buscar.

2. Introduciendo las Coordenadas del caché en el GPS

Cómo ya he comentado, para disfrutar del geocaching es aconsejable la ayuda de un dispositivo GPS. En principio da igual el dispositivo GPS que empleemos, siempre y cuando sea portátil y podamos introducir en él las coordenadas del caché que pretendemos encontrar, de manera que nos muestre la distancia que nos separa del caché y en qué dirección se encuentra respecto de nuestra posición en cada momento.

Yo dispongo de un GPS de muñeca, Keymaze 700 de Kalenji, que fue el que empleé en esta búsqueda y del que ya habé en otra entrada del blog (puedes ver esa entrada, haciendo clic aquí).

3. Comenzando la búsqueda, acercándonos al caché

Acompañado por mi novia, Eli, nuestro amigo Paco “El Perla” y su perra “Vera”, nos dispusimos a emprender la búsqueda, desde Laroya, que como he dicho era el municipio almeriense en el que nos encontrábamos pasando el puente del Pilar. En este primer instante, el GPS indicaba una distancia aproximada hasta el caché de 740 metros (en línea recta, claro está).

Iniciando el recorrido en busca del Cache

En la descripción del caché que habíamos elegido existe una reseña muy general del recorrido hasta él, partiendo desde la era del pueblo en donde hasta hace 20 años se trillaban las mieses. Por ello nuestro primer destino fue la citada era, que no nos costó demasiado encontrar con la ayuda de algunos lugareños.

Comienzo del Sendero PR-A366 - Los Molinos de Laroya

Una vez en la era, tras callejear por las estrechas callejuelas que conforman Laroya, iniciamos un recorrido por uno de los dos senderos señalizados que existen en esta localidad, el PR A-366 “Sendero de Los Molinos de Laroya”. Se trata de un sendero que, guiados por el discurrir de una antigua acequia árabe, nos fue llevando hasta un antiguo molino harinero y la denominada Balsa del Común, mientras íbamos constatando en el GPS cómo la distancia hasta el caché que buscábamos se iba reduciendo paulatinamente, lo que nos hacía pensar que íbamos en el camino correcto.

Un espectacular paisaje durante el recorrido

He de comentar que ésta es una de las cosas interesantes de la actividad de búsqueda de cachés. En todo momento sabemos, gracias al GPS, la distancia hasta el caché y la dirección en que se encuentra, pero no sabemos cómo llegar hasta allí, por lo que encontrar la ruta, el sendero o la manera de llegar es una parte muy importante y fundamental de la actividad, que nos obligará en más de un caso a probar distintas alternativas y, siempre, nos acercará al territorio y a su conocimiento, siendo una “excusa” perfecta para realizar otras actividades paralelas simultánemanente, como pudo ser el senderismo en este caso, por un marco natural de incomparable belleza y singularidad.

4. Rematando la búsqueda, dando con el lugar exacto.

Una vez alcanzamos la Balsa del Común, nos encontrabamos a apenas 100 metros de nuestro objetivo. Desde la balsa, el GPS apuntaba aproximadamente hacia una construcción en ruinas que se alzaba ante nosotros en la ladera opuesta del valle y a la que se podía acceder a través del mismo sendero señalizado por el que discurría desde el principio nuestro caminar, por lo que decidimos continuar por él.

Al llegar a las ruinas, constatamos que era el momento de salirse del sendero, puesto que si continuabamos por él comenzábamos a alejarnos del caché. Éste es otro de los aspectos interesantes de la búsqueda de cachés, el hecho de que se encuentren algo camuflados.

Construcción en ruinas cerca del Cache

Pese a lo que se pueda pensar, introducir las coordenadas del caché en el GPS, no nos conducirá infaliblemente hasta él, sino cerca, dado que en la mayoría de los casos el caché se encontrará escondido y que la precisión de nuestro GPS no será milimétrica.

Llegar al punto exacto y rematar la búsqueda requiere cierta intuición, capacidad de observación y el empleo de ciertas pistas que muchas veces las personas que escondieron el caché pondrán a nuestra disposición. En este caso la pista era la altura a la que se encontraba el caché, exactamente 882 metros, ligeramente más alto que la altura a la que estábamos cuando el GPS nos indicaba que estábamos a escasos 2-3 metros del destino prefijado.

No voy a comentar más al respecto para no desvelar la posición exacta del caché, ni los detalles de su camuflaje a posibles geocachers futuros. Sólo he de decir que, entre los tres y ayudados por el instinto de “Vera”, una vez en las ruinas apenas tardamos 5 minutos en dar finalmente con el caché.

5. Abriendo el caché y descubriendo su contenido

Tras dar con el “escondite” del caché procedimos a abrir el envase que lo contenía y en él, como suele ser habitual en todos los cachés, encontramos una libreta de registro, un lápiz y un pequeño monedero vacío (el tesoro o regalo).

Contenido del Cache Rio Laroya

Procedimos a dejar constancia del hallazgo del caché en la libreta de registro, tal como habían hecho ya antes otras personas que también lo habían localizado. El protocolo dicta que se puede tomar alguno de los objetos que contenga el caché, dejando algún otro a cambio. Nosotros no cogimos nada, aunque sí dejamos algún otro objeto más para futuros descubridores del caché.

El Paisaje un tesoro en si mismo

Tras cerrar convenientemente el contenedor y depositar nuevamente el caché en su lugar, dejándolo camuflado en su escondite tal y como nos lo encontramos, iniciamos el camino de regreso, desandando nuestro recorrido y disfrutando igualmente durante el regreso del paisaje que nos envolvía y que, en sí mismo, ya constituye todo un tesoro.

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